
El entrenador de la Selección argentina despertó una verdadera revolución al volver a Pujato. El técnico subcampeón del mundo se despidió de su tierra natal luego de la visita de miles de personas que esperaban para verlo, pedirle una foto y entregarle obsequios.
La presencia de Lionel Scaloni en Pujato transformó la rutina del pueblo santafesino. Entre autógrafos, anécdotas y muestras de cariño, el DT campeón del mundo disfruta unos días junto a su familia sin perder el contacto con la gente.
La pasión de un pueblo por Lionel Scaloni
El regreso de Lionel Scaloni a Pujato volvió a convertirse en un acontecimiento. Murales, banderas y carteles reflejan el orgullo del pueblo, mientras decenas de personas esperan durante horas para conseguir una foto, un saludo o una firma.
Este jueves, el DT pasó cerca de dos horas en la puerta de la casa de sus padres firmando camisetas, pelotas y banderas. La fila parecía interminable y cada persona intentaba acercarse con alguna historia. Entre risas, una mujer bromeó: “Yo de joven anduve con él... No, mentira”.
Para mantener el orden, instalaron una valla sobre la vereda y hubo presencia policial. Mauro Scaloni, hermano del entrenador, organizó la entrega de camisetas y teléfonos para que todos pudieran llevarse un recuerdo del campeón del mundo.

Regalos, música y recuerdos de su infancia
Durante su estadía, Lionel Scaloni también compartió momentos con familiares y amigos. Fue visto recorriendo las calles en bicicleta junto a su hermana Corina y se detuvo a escuchar un chamamé que interpretaron frente a la vivienda.
Para mantener el orden, instalaron una valla sobre la vereda y hubo presencia policial. Mauro Scaloni, hermano del entrenador, organizó la entrega de camisetas y teléfonos para que todos pudieran llevarse un recuerdo del campeón del mundo.
Las historias sobre su infancia también reaparecieron. La directora de la escuela donde estudió recordó al chico que soñaba con el fútbol, mientras que su exprofesora de Matemática contó que los binomios eran el tema que más le costaba, aunque siempre terminaba aprobando.
Con el paso de las horas, la emoción no disminuyó. Hubo vecinos que le llevaron regalos, otros cantaron el Himno Nacional y también sonó una versión chamamecera de “Muchachos”. Desde una ventana apareció su padre para saludar y la gente respondió con un canto que resumió el sentimiento del pueblo: “Scaloni no se va”.
























