
La actividad comercial de las pequeñas y medianas empresas acumuló un retroceso de 2,7% en los primeros siete meses del año. Según CAME, las familias priorizaron gastos esenciales y postergaron compras de bienes de mayor valor.
Ante ese escenario, los consumidores profundizaron la selección de sus compras. El relevamiento de CAME detectó que el dinero se destinó principalmente a artículos de primera necesidad, medicamentos recetados y productos cuya reposición no podía demorarse.
En cambio, quedaron relegadas aquellas adquisiciones consideradas prescindibles o que podían esperar. Entre ellas se encuentran la compra de ropa, muebles, bienes durables y otros productos de mayor valor.
Qué rubros tuvieron las mayores caídas
La retracción alcanzó a seis de los siete sectores incluidos en el relevamiento. El peor resultado correspondió a Textil e indumentaria, con una disminución interanual del 5,6%.
En segundo lugar quedó Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles, que tuvo un retroceso del 5,5%. Alimentos y bebidas, uno de los segmentos más vinculados al consumo cotidiano, también registró una baja significativa, del 5,4%.
El único rubro que mostró un resultado positivo fue Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción, con un incremento del 1% respecto de julio de 2025.

Cae la expectativa de ventas entre los comerciantes
El panorama también se reflejó en las expectativas de los empresarios pyme. El 48,1% de los comerciantes consultados señaló que la situación de su negocio se mantuvo estable en comparación con julio del año pasado. Ese porcentaje representó una baja de dos puntos respecto de la medición correspondiente a junio.
Por otra parte, creció la cantidad de empresarios que evaluó negativamente el desempeño de su comercio. La proporción pasó del 43,1% en junio al 44,5% en julio, una señal de que la pérdida de dinamismo del consumo también impactó sobre la percepción del sector.
























