
Por César López – Técnico Superior en Turismo.-
Cada 27 de septiembre celebramos el Día Mundial del Turismo. Actividad que debería comprenderse como un estado del alma que invita a la humanidad a mirarse a hacia adentro para conocer su propio mundo y la inmensidad del universo que la rodea.
Turismo, una palabra polisémica que contiene una fuente inagotable de significados que redime al espíritu y nos da nuevos ojos para contemplar la creación. La OMT define a este fenómeno como las actividades que realizan las personas durante sus viajes y estancias, en lugares distintos a su entorno habitual, durante un período de tiempo inferior a un año, con fines de ocio, negocios u otros. Un concepto que hace referencia al hecho de viajar y pernoctar fuera de nuestro lugar de residencia, pero bajo una perspectiva puesta solamente hacia afuera, olvidando el torrente de vida que el turismo irriga dentro de las comunidades.
Los beneficios que trae la más humana de las actividades productivas es inabarcable, a tal punto que en el plano económico pudo posicionarse como el cuarto motor exportador de la economía argentina. Después de haber atravesado el tiempo feroz de la pandemia, el mundo de los viajes fue un pilar fundamental para reconstruir la ansiada cultura del encuentro.
EL TURISMO ES UN VIAJE HACIA ADENTRO. Alguna vez un sociólogo dijo que la motivación turística principalmente está cimentada en 3D, en DESARROLLO, DIVERSIÓN Y DESCANSO. Un enfoque que nos acerca a la naturaleza espiritual del viajero; algo más que solo descubrir espacios, nos habla de una tregua ante tanta rutina, de salir a buscar otros aires y encontrar afuera la plenitud que está faltando adentro. Cada vez que nos dirigimos hacia algún destino, estamos haciendo, más bien, una introspección, viajamos hacia nuestro interior, buscando en nosotros un equilibrio, el bienestar existencial. Cada vez que compramos un pasaje hacia un destino turístico estamos yendo detrás de nuestra felicidad; es el momento en el que al fin decidimos mirarnos interiormente y consolidar vínculos con los amigos, la familia o quien nos acompañe en esta experiencia.
Cada vez que nos dirigimos hacia algún destino, vamos haciendo una introspección, viajamos hacia lo profundo, buscando armonía, equilibrio, el bienestar existencial. Cada vez que compramos un pasaje hacia un destino turístico vamos detrás de nuestra felicidad; es el momento en el que al fin decidimos mirarnos interiormente, conocer a otros o consolidar vínculos con los seres queridos en una experiencia irrepetible.
Por eso, no podemos llamar industria a una realidad intangible, construida de vivencias y recuerdos, imágenes que van al pensamiento del alma. Desde allí surge un conocimiento paradójico del turista, donde viajar ya no significa salir o escaparse, sino trasladarse al universo propio para nacer de nuevo y recrear nuestra humanidad.
En síntesis, cuando decimos turismo no solo decimos viajes, terminales, pasajes y despedidas; cuando decimos turismo, también hablamos del progreso de nuestro lugar, del patrimonio cultural, los saberes, del arte y toda la naturaleza. Porque EL TURISMO ES UN VIAJE HACIA ADENTRO.
























