
Cada 7 de octubre se celebra a Nuestra Señora del Rosario, una de las advocaciones marianas más extendidas entre los católicos. Cuál es el origen de esta fecha y cómo es la oración dedicada a la Virgen.
Hoy se conmemora en Argentina el Día de la Virgen del Rosario, también conocida como Nuestra Señora del Rosario, una fecha religiosa dedicada a una de las advocaciones de la Virgen María más veneradas por los católicos.
La celebración está estrechamente ligada al rezo del rosario, una práctica de oración y meditación sobre distintos momentos de la vida de Jesús y de María.
La Virgen del Rosario también tiene una fuerte presencia en la Argentina. Es patrona de distintas localidades del país y mantiene un vínculo histórico especialmente importante con ciudades como Rosario, en Santa Fe, y Paraná, en Entre Ríos.
Por qué se celebra el Día de la Virgen del Rosario el 7 de octubre
La tradición católica vincula la difusión del rosario con Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores. De acuerdo con esa tradición, la Virgen María se le apareció y le entregó el rosario, cuya práctica se extendió posteriormente entre los fieles.
Sin embargo, el origen de la celebración del 7 de octubre está relacionado con un acontecimiento ocurrido varios siglos después: la Batalla de Lepanto de 1571.
Antes del enfrentamiento naval entre la Liga Santa y las fuerzas del Imperio Otomano, el papa Pío V pidió a los cristianos que rezaran el rosario. Tras la victoria de la Liga Santa el 7 de octubre, el triunfo fue atribuido por los católicos a la protección de la Virgen.
Pío V instituyó entonces la festividad de Santa María de la Victoria. Su sucesor, el papa Gregorio XIII, cambió posteriormente su denominación por la de Nuestra Señora del Rosario.
La celebración se extendió con el paso del tiempo dentro de la Iglesia católica y quedó fijada el 7 de octubre, fecha en la que se conmemora actualmente.
La oración a Nuestra Señora del Rosario
En su día, los fieles pueden recurrir a una oración dedicada a Nuestra Señora del Rosario para pedir su ayuda y protección:
Amada por Dios desde toda la eternidad, viniste al mundo llena de gracia y sin la más ligera sombra de pecado para ser Madre de Jesús y Madre nuestra. Cuando el ángel te saludó en nombre de Dios, respondiste sí a la invitación divina, y el Verbo se hizo carne en tu seno virginal. Desde entonces comenzaste a vivir en íntima comunión con Él los misterios todos de su vida, y te convertiste en Nuestra Señora del Evangelio, de la Redención y de la Gracia.
Junto a la Cruz bebiste con tu hijo Dios el cáliz amargo del dolor y unida a Él mereciste para todos los redimidos la vida eterna. El Espíritu Santo descendió en Pentecostés nuevamente sobre Ti y te consagró Madre de la Iglesia. Coronada ahora en el Cielo como Reina y como Madre de todo lo creado. Tu corazón continúa aquí en la tierra. En Él confiamos.
Madre del Rosario acércate aún más a nosotros. Te pedimos por los que no tienen fe o rechazan tu luz. Por los que no tienen pan. Por los enfermos y por los sanos. Por los que viven angustiados o sufren sin esperanzas. Por los hogares que se elevan y por los hogares que amenazan ruinas.
Santifica y fortalece al Papa, el dulce Cristo en la tierra, a los Obispos y sacerdotes, a todos los llamados a seguir más de cerca de Jesucristo. Enciende en sus corazones un fuego que jamás se extinga.
Madre del Rosario, únenos a Ti en la tierra y llévanos contigo al Cielo. Así sea.
























