
El nuevo escenario muestra una modificación en la composición histórica de la balanza comercial nacional. Además del crudo, las exportaciones energéticas destacaron despachos de naftas por u$s401 millones, butanos licuados por u$s255 millones y propano licuado por u$s187 millones.
La balanza energética arroja un fuerte superávit mensual
El aumento de la actividad también se reflejó de manera positiva en los saldos comerciales del rubro. El último informe del INDEC detalló que las exportaciones de combustibles y energía totalizaron u$s1.506 millones en julio, con una suba interanual del 97,8%.
En paralelo, las importaciones de energía cayeron un 7,3% y cerraron en u$s614 millones. Esta combinación dejó un superávit mensual de u$s892 millones, un dato clave por tratarse del período de mayor demanda invernal a causa de las bajas temperaturas.
El éxito exportador se apoya en un aumento real de la producción física y no solo en los altos precios internacionales. Los volúmenes enviados al exterior crecieron un 30,3%, una expansión de la oferta que reduce la dependencia del país de una coyuntura global favorable.
La falta de infraestructura condiciona la extracción del gas
La situación del gas natural expone una dinámica distinta a la del petróleo. La producción nacional se ubicó en 158,8 millones de metros cúbicos diarios durante julio y se mantuvo estable, atada a la demanda estacional y a las posibilidades de evacuación del recurso.
Los próximos pasos del sector dependen de forma exclusiva de la construcción de nuevas obras logísticas. Las empresas necesitan ampliar la capacidad de transporte con oleoductos y terminales portuarias para sostener el crecimiento y evitar los cuellos de botella.























