El obispo de Goya, Adolfo Ramón Canecín, presidió la misa vespertina del Domingo de Pascua en la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario, ante un templo colmado de fieles que se congregaron para celebrar la Resurrección del Señor.
En su homilía, centró su predicación en la cita de la carta a los Efesios (1,17): “Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo plenamente”, e invitó a los presentes a abrir el corazón a la acción de Dios, que desea revelarse profundamente en la vida de cada persona.
Profundizó en Efesios 3,20, subrayando que Dios “es capaz de hacer infinitamente más de lo que podemos pedir o pensar”, y exhortó a confiar en su poder que actúa en lo cotidiano.
La Resurrección es “la gran buena noticia” que transformó la historia de la humanidad y tiene fuerza para cambiar la vida de cada creyente si se lo permite. En esa línea, recordó que la fe es un don, pero también un camino y un proceso, como el que vivió el apóstol San Pedro hasta convertirse en testigo de Cristo.
Al reflexionar sobre el significado pascual, destacó que, si la creación es una obra buena de Dios, la “recreación” fruto de la Resurrección es una obra aún mayor.
Invitó a pedir que la fuerza del Resucitado los ayude a pasar “de la muerte del pecado a la vida”, y a renovar su compromiso como bautizados, tanto en lo personal como en la vida social, trabajando por el bien común.
Monseñor Canecín señaló que ser cristiano implica ser testigo, una identidad que se construye a través de un proceso de fe y compromiso. “Nosotros somos testigos”, recordó.





















