El Gobierno confirmó el día y horario de la Asamblea Legislativa encabezada por Javier Milei, para dar inicio a las sesiones ordinarias.
El próximo domingo se llevará a cabo la Apertura de sesiones ordinarias, una de las ceremonias institucionales más trascendente del sistema republicano argentino, que como siempre, contará con el discurso del presidente, en este caso, Javier Milei, quien así inaugura el año legislativo.
Este acto no es solo un evento protocolar, sino el momento en el que los tres poderes del Estado —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— convergen en un mismo recinto para dar inicio formal al año parlamentario, el cual se extenderá hasta el 30 de noviembre.
Cumpliendo con el Artículo 99, inciso 8 de la Constitución Nacional, el presidente de la Nación tiene el deber y la atribución de brindar un mensaje anual ante la Asamblea Legislativa. En este discurso, transmitido por cadena nacional, el mandatario debe dar cuenta del estado general de la Nación, repasar las reformas impulsadas y proponer la agenda de leyes que considera prioritarias para el desarrollo del país.
Se trata de una tradición que cumple más de 160 años, habiéndose iniciado en 1862, y que en los últimos 40 años de democracia ha mantenido una asistencia perfecta por parte de todos los jefes de Estado.

Por qué la Apertura de Sesiones Ordinarias es siempre el 1ro de marzo
La elección de esta fecha específica no fue azarosa, sino el resultado de la reforma constitucional de 1994. Antes de esta modificación, el período de sesiones ordinarias era mucho más breve: comenzaba el 1 de mayo y finalizaba el 30 de septiembre.
La reforma impulsada durante la presidencia de Carlos Menem buscó modernizar el funcionamiento del Congreso, extendiendo los meses de actividad legislativa para permitir un tratamiento más exhaustivo de las leyes.
De esta manera, desde 1995, el 1 de marzo quedó establecido como el punto de partida inamovible del año parlamentario. Esta fecha permite que el Poder Legislativo esté plenamente operativo desde el primer trimestre del año, alineándose mejor con el calendario civil y económico del país, y consolidando una de las ceremonias más simbólicas de la democracia argentina.



















