La historia lo analiza a partir de los datos duros que nos ha dejado su vida, que inició un 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, Corrientes, al calor de un incipiente Virreinato del Río de La Plata en el Sur, y la independencia de los Estados Unidos de América, en el Norte. Desde su nacimiento, los latidos de su corazón supieron entender que la libertad estaba cerca.
Su niñez, abrigada por la tierra fértil de su corrientes natal, cambiaría de escenario con tan solo 8 años, entregándole una adolescencia signada por la disciplina militar en España, donde obtuvo el conocimiento y la fuerza para llevar adelante la más grande empresa libertaria en su tierra natal.
A 248 años de su nacimiento, esta fecha nos invita a reflexionar sobre su legado militar, político y humano. Sus logros, reconocidos a nivel mundial, tienen que ver con la motorización de una campaña independentista en la que el eje, desde un principio, se centró en un fortalecimiento del conjunto para la estabilidad del bloque, a nivel regional.
De allí que el gran general no descansara hasta, después de lograr la independencia de nuestro país, cruzar la Cordillera de los Andes en 1817 para liberar del yugo español también a Chile, y luego proseguir su campaña hacia el Perú.
Lo inspiracional de su vida no se resume solamente a sus logros militares, cimentados en un inconmensurable sentido de lo estratégico; sino también a la humanidad de su visión del instrumento militar, integrado por hombres y mujeres de la Patria, y a la calidad de sus acciones como líder, antes, durante y después de cada batalla.
Su vida y obra están teñidas en absoluto de servicio, respeto y valores, que bien sabía el gran General, lo trascenderían completamente. La imagen de José de San Martín es siempre, una oportunidad para recordar, no solamente de qué estamos hechos, sino también de todo aquello que debemos alentar, sostener y promover.
El espíritu sanmartiniano nos cruza transversalmente y nos da identidad, por ello su legado no es solamente una guía sino, como manifestamos precedentemente, una razón de ser: en la transparencia sustentada en el accionar justo; en el desarrollo personal alimentado por el crecimiento del Recurso Humano; y en el celo profesional, solventado por el hambre del Servicio a la Patria y la superación constantes.



















