Con el final del verano y el regreso pleno a las actividades laborales y escolares, muchas personas experimentan una sensación de cansancio persistente que parece difícil de explicar. Para algunos, el verdadero comienzo del año no llega el 1 de enero, sino en marzo, cuando terminan las vacaciones y la rutina diaria vuelve a imponerse con fuerza.
Entre la compra de útiles escolares, la reorganización de horarios familiares y el retorno al ritmo laboral habitual, el desgaste físico y mental suele hacerse evidente. Incluso quienes logran dormir las ocho horas recomendadas por especialistas en sueño pueden sentir fatiga, dificultad para concentrarse y falta de energía durante las primeras semanas del año.
Sin embargo, la ciencia sugiere que este fenómeno no siempre está relacionado con una cuestión de voluntad o disciplina. Investigaciones recientes indican que la genética puede jugar un papel clave en la manera en que cada persona procesa el cansancio y el estrés, especialmente en períodos de alta demanda como el regreso a la rutina.
El papel de la genética en el cansancio cotidiano
Los avances en el campo de la genética permiten hoy analizar cientos de miles de variantes genéticas que influyen en diferentes procesos biológicos del organismo. En algunos casos, estos estudios pueden detectar predisposiciones vinculadas con la fatiga neuromuscular o con la inflamación posterior al esfuerzo físico.
Estos factores influyen directamente en la capacidad del cuerpo para recuperarse después de una jornada intensa de trabajo, responsabilidades familiares o actividad física.
Entre los hallazgos más relevantes de estas investigaciones aparece la relación entre el cansancio crónico y la forma en que el organismo absorbe determinados micronutrientes esenciales.
Nutrientes clave para la energía del cuerpo
Diversos estudios sugieren que la fatiga persistente y la dificultad para mantener la concentración pueden estar vinculadas con una baja absorción de nutrientes como el magnesio y ciertas vitaminas, especialmente la B12, B6 y D.
Estas sustancias cumplen un rol fundamental en el funcionamiento de las mitocondrias, estructuras celulares encargadas de producir la energía que el cuerpo necesita para realizar sus actividades cotidianas.
Las diferencias metabólicas entre individuos pueden explicar por qué algunas personas requieren una mayor cantidad de estos nutrientes para mantener niveles adecuados de energía.
“No todas las personas metabolizan estos nutrientes de la misma manera. Algunas tienen variantes genéticas que hacen que necesiten una mayor ingesta o suplementación para mantener niveles adecuados”, explica Adrián Turjanski, director científico de Gen360 e investigador del CONICET.
El café y la genética: por qué no todos reaccionan igual
Ante la falta de energía, muchas personas recurren al café para mantenerse activas durante el día. Sin embargo, la respuesta del organismo a la cafeína también puede variar según la genética.
Algunas variantes genéticas pueden hacer que la cafeína permanezca más tiempo en el organismo, lo que incrementa la probabilidad de experimentar efectos secundarios.
“Ciertas variantes genéticas pueden prolongar los efectos de la cafeína, generando ansiedad, insomnio o irritabilidad si no se modera su consumo según el perfil de cada uno”, explica Turjanski.
Este fenómeno ayuda a comprender por qué mientras algunas personas pueden consumir varias tazas de café sin inconvenientes, otras experimentan nerviosismo o dificultades para dormir con cantidades mucho menores.
Los riesgos de ignorar el cansancio
La fatiga constante no solo afecta el rendimiento laboral o académico. También puede tener consecuencias más serias para la seguridad y la salud.
De acuerdo con la National Sleep Foundation, alrededor del 21% de los accidentes de tránsito están relacionados con la somnolencia, situándose como una de las causas más frecuentes después del alcohol y las distracciones al volante.
Esta situación puede volverse especialmente crítica durante los desplazamientos cotidianos, como los trayectos hacia el trabajo o el traslado de niños a la escuela.
Frente a este panorama, los especialistas sugieren que comprender las características biológicas de cada persona podría convertirse en una herramienta clave para mejorar el bienestar general.
En lugar de recurrir a dietas universales o soluciones rápidas contra el cansancio, los análisis genéticos comienzan a posicionarse como una alternativa para comprender mejor las necesidades específicas del organismo.
“La genética no predice nuestro destino, pero sí nos ofrece herramientas valiosas para tomar decisiones informadas que pueden mejorar significativamente nuestra calidad de vida”, concluye Turjanski.



















