El jefe comunal de Paso de los Libres, Agustín Faraldo, cumplió su promesa electoral y sorteó su primer sueldo entre municipales. La medida genera apoyo y también varios interrogantes.
El sorteo del sueldo de un intendente no es una práctica habitual en la política argentina.
Tal vez con lo que hizo Javier Milei cuando era diputado nacional hay un antecedente inmediato y nueva tendencia.
Lo cierto es que en Paso de los Libres, Agustín Faraldo convirtió en hecho una promesa de campaña: destinar su remuneración mensual a un "aporte solidario" sorteado entre trabajadores municipales.
El gesto, que mezcla impronta personal, simbolismo y estrategia política; Pero, además, reabre el debate sobre el rol de los funcionarios y los límites entre decisión individual y política pública.
El primer sorteo tuvo recientemente como ganador a Julio César Barrientos, empleado municipal que recibió $1.335.096. Según informaron desde la Comuna, el proceso se llevó adelante con criterios "claros y transparentes", y estuvo dirigido exclusivamente a trabajadores con al menos un año de antigüedad, relación laboral vigente y sin cargos jerárquicos o políticos.
La iniciativa se financia con el salario personal del intendente y fue presentada como continuidad de su promesa electoral de "donar el sueldo".
Durante la campaña, Faraldo planteó que su llegada al gobierno debía reflejar una idea de servicio público y un distanciamiento de las prácticas que asoció a privilegios y beneficios personales.
En términos políticos, el gesto apunta a instalar una narrativa de austeridad y cercanía con la base empleada del Municipio. En un contexto económico exigente, hay todo una simbología: el intendente se diferencia como dirigente que no depende de su remuneración estatal y decide compartirla de manera pública.
A la vez, la medida introduce debates sobre su alcance real: se trata de una decisión individual, no de una política estructural, y su impacto material es acotado frente a los desafíos administrativos y financieros del Estado local.
El sorteo del sueldo del libreño Faraldo condensa entonces novedad y controversia. Para algunos es una muestra de compromiso y reconocimiento hacia los trabajadores; para otros, un gesto de alto valor simbólico, pero de efecto limitado.
Su relevancia, más que en el monto, radica en lo inusual del caso: un jefe comunal que convierte su renuncia al salario en un hecho público y reiterado, con la expectativa -y el desafío- de sostener en el tiempo una práctica que en realidad interpela a la política y a la ética de la función pública.



















