La devoción popular pagana más potente de la Argentina se vive a pleno en Mercedes. Desde las 0 de hoy miles de fieles llegaron al remozado santuario ubicado por Ruta 123. Con el primer minuto del día se vivió un momento impresionante con un espectáculo de fuegos artificiales en el lugar.
Las banderas rojas desplegadas al viento tornan inocultables los sitios de veneración, donde los devotos encienden velas rojas y dejan toda clase de objetos para cumplir la promesa por los favores sobrenaturales recibidos.
Pero es cada 8 de enero, en la localidad correntina de Mercedes -donde la tradición oral ubica en 1870 al personaje y su leyenda-, que la exaltación del Gauchito cobra espectacularidad sin par, en una multitudinaria explosión de entusiasmo, música y fervor, que la convierten en la más colorida de las que generan las creencias populares.
Allí se levanta el "santuario" principal, y se erige la cruz de espinillo, que juega un papel principal en la historia de Antonio Mamerto Gil, el "gauchito" venerado.
La sangre de un inocente
Dice la leyenda que fue en un bosque de espinillos o espinillar, donde Gil, que había desertado para no participar en la lucha fratricida entre los celestes (unitarios) que lo reclutaron y los colorados (federales), fue sorprendido por la partida que lo perseguía. Agrega que Gil no se resistió, y que en vez de conducirlo a Goya para juzgarlo, lo colgaron de los pies de lo alto de un árbol, y el coronel que mandaba la tropa lo degolló.

Cuentan que sus últimas palabras dirigidas a su verdugo fueron "la sangre de un inocente sanará a otro inocente". La frase cobró sentido cuando el militar llegó a su casa y halló a su hijo al borde de la muerte. Desesperado regresó adonde todavía estaba la sangre fresca del muerto, y untó con ella el rostro del pequeño, que se salvó.
En agradecimiento erigió una cruz en el lugar del martirio, que comenzó a ser frecuentado cuando se corrió la voz del hecho milagroso. Pero la invasión de devotos alteró al dueño del campo, que derribó la cruz y desbarató las ofrendas. Según la creencia popular, ese acto le provocó locura y muerte. La cruz volvió a levantarse, el lugar se convirtió en un santuario pagano, y desde entonces no para de crecer.
Los creyentes llegan de toda la Argentina y algunos países limítrofes. Es numerosa la presencia de seguidores del Gauchito que provienen del Gran Buenos Aires. Este culto nació en Corrientes y su propagación se atribuye a dos causas principales, por un lado, la emigración de correntinos en busca de trabajo que provocaron las sucesivas crisis económicas, y por el otro, la adhesión que despertó en los camioneros que recorren toda la geografía argentina. Unos y otros lo difundieron por todo el país.
Las banderas y velas rojas son el signo distintivo del culto a Gil. El rito en el santuario incluye tradiciones pintorescas, como la de tomar bebidas alcohólicas y fumar cigarrillos encendidos dejados como ofrendas por otros fieles, a condición de reponerlas con otras propias.



















