Para Boca es una derrota que sacude, que duele y que castiga, también. Porque fue sobre el final, sí. Porque el gol llegó tras un corner evitable (Valentini perdió a Corvalán en el salto). Porque casi no tuvo margen de reacción, más allá de ese empuje descontrolado de los últimos minutos.
Ni Independiente ni River se habrán ido contentos del LDA. Pero cuando pasen las primeras horas después de este clásico que dividió puntos entre los dos líderes de la zona A de la Copa de la Liga, Carlos Tevez tendrá varios motivos para estar bastante más tranquilo que Martín Demichelis.






















